lunes, 15 de octubre de 2007

El Che, simplemente un criminal



Mientras el Metro de Santiago incluye en cada estación el afiche con la siempre odiosa cara del Che, aviso por el que se convoca a la conmemoración en el Estadio Nacional de los 40 años de su muerte, el porcentaje de aprobación a la Presidenta Bachelet baja al 35%. Y, nos explican, esa debacle se debe en gran parte a la violencia del 11 de septiembre pasado.
Obvio: Los que como Guevara han promovido esa criminal actitud siempre terminan con el verdadero pueblo en contra; y si la Presidenta ciertamente no ha sido la promotora de la violencia, al menos ha sido bajo su mandato (¿mandato?) que carabineros ha sido desautorizado (y sus miembros, asesinados o vejados) y el crimen político-social ha sido justificado bajo el rótulo del derecho a manifestarse.
Pero el Che sigue en las estaciones del Metro sin que la Presidenta exija su remoción de los paneles; y lo ensalzarán en el Nacional, sin que la Presidenta impida el acto. Obvio, es el Che, es la mítica figura de la liberación y del compromiso, es el intocable en la casta de los revolucionarios, es el pasado de la mandataria, hoy presente en románticos afiches publicitarios y en estridentes poleras.
Pero, ¿fue el Che de verdad el liberador comprometido? Ni de lejos. Álvaro Vargas Llosa lo
fusiló de nuevo con 10 tiros un par de años atrás, dejando en claro que Guevara era partidario del capitalismo de Estado, que maquinó la colonización de Cuba por parte de la URSS, que ayudó a arruinar la economía al distraer los recursos hacia industrias que terminaron en el fracaso y redujo a la mitad la cosecha de azúcar, que obedeció a Moscú hasta que Moscú decidió pedirle algo a cambio de masivas transferencias de dinero a La Habana, que murió precisamente debido a que no pudo "conectarse" con los campesinos, que todo su esfuerzo guerrillero fracasó penosamente, que tenía el hábito de apoderarse de la propiedad ajena, que ejecutó a muchas personas inocentes con su columna durante la última etapa de la lucha armada en Cuba, que su visión de América Latina era en realidad bastante borrosa, que predijo que Cuba superaría el PIB per cápita de los Estados Unidos para el año 1980...
Y también el 2005, Humberto Fontova en su chispeante libro Fidel, el Tirano favorito de
Hollywood, especificó que fueron entre 568 y 1.897 las personas cuyas ejecuciones comandó
directamente el Che, sin que hubiera intento alguno de su parte por ocultarlo, ni antes ni
después.
Ya anunciaba esa intención en sus Diarios de Motocicleta, al afirmar que "loco de furia, impregnaré mi rifle de rojo mientras destrozo a todo enemigo que caiga en mis manos;
me expando al oler la pólvora y la sangre; con las muertes de mis enemigos me preparo para la
lucha sagrada y me uno al proletariado triunfante con un grito bestial" (Ciertamente Refdford dejó este pasaje fuera de la película).
Y ya en su madurez criminal, volverá a fundamentar sus intenciones, con sentido pedagógico: "El Odio implacable hacia el enemigo nos impele por encima y más allá de las naturales limitaciones del hombre y nos transforma en una efectiva, selecta y fría máquina de matar ." La perspectiva de esta docencia era continental: "Haremos en América, uno, diez, cien Vietnams".
Chile recibió también altas dosis del odio que trasmitía por sus correas de metal la máquina guevarista. Miristas, socialistas y comunistas, en ese orden, lo idolatraron más o menos abiertamente y lo imitaron más o menos eficazmente. De esas criminales acciones da cuenta nuestro libro La agresión del Oso, Intervención soviética y cubana en Chile. Y así hasta hoy, hasta las portadas de Punto Final y de El Siglo, hasta el acto del Nacional.
Sí, gracias a Chiledeportes y al Metro, miles de chilenos acudirán al Estadio Nacional a
conmemorar la muerte de unos de los mayores criminales de la historia de América. Y a la salida ¿qué se puede esperar? No sabemos si volarán las piedras; sí, por cierto, se diluirán aún más las escasas adhesiones al Gobierno.
El Che volverá a ser el peor compañero de ruta posible.

1 comentario:

Oye dijo...

Si no hay cosa que odié más que ver a gente con la polera del ché o de allende. Lo encuentro realmente pátetico, casi ridiculo, bastante penoso además.
Pero más que nada risa.

Es que acaso estan obligados a ser parte de un esteriotipo que los represente y así se llenan la boca jugando a ser intelectules y cosas por el estilo.

Triste, triste.


Un beso a ti amigo mío :)
ojalá nos veamos luego
y conversemos mil horas como siempre
te quiero un montón!!